Mi fantasía termina donde
empieza tu cuerpo.
Y continúa cuando te vas.
Hoy quería derretirse en él,
deseaba oírlo gritar, tenerlo a su merced, pero el, no era alguien quien se
dejara dominar de esa manera, pese a que ella estaba arriba de él lamiendo su
cuello, rápidamente el dispuso sus manos tras la espalda y le dio la vuelta a
sus cuerpos obligándola a quedar debajo de él. Debajo de ese enorme cuerpo,
ella lucho para evitar gemir de placer al sentir su sexo contra sus partes,
pero él sabía cuánto lo deseaba, y la mordió en el cuello para excitarla aún más…
De todos, era el juego que más
disfrutaba con ella, solo tenerla desnuda y usar su cuerpo para darle un poco
de placer pero no dejarla llegar al clímax, o que lo desnudase por completo.
Mientras en ella crecía la desesperación por poseerlo, no se había dado cuenta
de que estaba sudando de que gemía considerablemente alto y que su piel parecía
hervir ante aquellas caricias tan tentadoras.
Pasaron los minutos y pronto
él tuvo que ceder ante la tentación, no podía evitar del todo ya mantenerla a
su merced, pues también deseaba que ella lo tocara, la deseaba tanto que dolía,
entraron en frenesí, apenas él fue consciente de que le soltó las manos y ya tenía
solo los pantalones puestos, se acariciaban con fervor…
Los besos eran cargados de
lujuria, ya habían esperado lo suficiente, para hacer esto, era casi como si ya
lo hubieran hecho muchas veces, ya que ambos compartían las fantasías y las
ganas. Sus manos la acariciaban tan deliciosamente su cuerpo, era mezcla de todo
lo que en su mente ya habían perfeccionado, conocían todo lo que les gustaba, así que no fue difícil encontrar esos puntos
para acariciar, morder, chupar, dejarse llevar ante la locura…
Tantas ganas acumuladas
cosechaban su fruto en aquella tarde, mientras sus cuerpos ardían.
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