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8 de abril de 2017

Gustos culpables volumen dos.



A ratos la culpa me hacía sentir mal, ella se había convertido en mi mejor amiga, pero el verte con ella hacia que mi deseo creciera, no nos habíamos visto más que brevemente en cumpleaños de mi amiga y en dos cenas navideñas, pero no podía dejar de pensar en ti, los años te habían favorecido, aun practicabas deporte aunque eras padre y cabeza de familia, se notaba que trabajabas tu cuerpo, ese cuerpo que yo deseaba. Desde la última comida donde recordé detalles de nuestro único encuentro una llama se encendió en mí.

Busque pretexto para ir a casa de mi amiga y verte más seguido, siempre evitabas estar a solas conmigo, eso de cierta forma me excitaba aún más…


Un día en horas que sabía que mi amiga no estaría fui a su casa, estaba caliente y no me importaba nada, ahí estabas tú, solo, al parecer planeabas ir al gym pues me abriste la puerta a medio cambiar, garrafal error de tu parte. ¿Esta Irene? Pregunte sabiendo la respuesta, hola, no, en realidad salió con su hermana, contestaste algo nervioso, pero sin evitar mi mirada. Ah pues en ese caso es perfecto dije yo e inesperadamente para ti te comencé a besar, trataste de quitarte, pero yo sabía que lo deseabas, así que no te resististe por demasiado tiempo, pienso que tú tampoco olvidabas aquel encuentro juvenil.


Siendo adultos ya con más experiencia, el sexo fluyo de manera armoniosa, cogimos en la sala, en el sillón, como haciendo homenaje, tu cuerpo era hermoso, era muy deseable, habías madurado mucho, de como yo te recordaba, te lamí todo el cuerpo, gemías delicioso, pero esta vez decidiste voltearme de espaldas y darme duro así, a mí me encantó la idea, mis pechos de apretaban en los cojines del sofá mientras tú me penetrabas sin control y de nuevo sin protección, no podía ver tu rostro pero era delicioso como me sometías, sentía tu pene entrar de lleno en mí, y como nuestros fluidos se mezclaban, empujabas con fuerza y yo levantaba más las caderas para que la penetración fuera más profunda…



Habías aprendido algunos trucos por ahí, pronto me metiste un par de dedos en la boca mientras yo gemía sin remedio, siempre había sido una sucia, así que la idea de que me trataras así, era muy excitante, me vine a los ocho minutos, pero tu continuabas penetrándome, relaje el cuerpo y tú comenzaste a ponerte más violento, jalaste mi cabello deliberadamente, sacaste tu pene y me hiciste que te lo chupara, que ganas había tenido, sabias a mí y a ti, tan delicioso, mientras te la mamaba te miraba, esos ojos avellana que tanto me hacían arder, te la chupe con ganas, te hice garganta profunda y te encanto, tus mejillas y pecho pronto se llenaron de sangre y sabía que pronto te vendrías. Decidiste hacerlo en mis pechos y me encanto, para que negar, me gustabas, y era fabuloso el sexo.

8 de marzo de 2017

Juventud y deseos.





Estaba tranquilo limpiando la casa, habían dejado mucha basura, pero era mi trabajo así que no me quejaba, con suerte y podría salir temprano para ver a mi novia. Al pasar por el cuarto escuche sonidos de placer, sin poder evitarlo eche un vistazo, ahí estabas masturbándote, desnuda sobre la cama, tu piel deliciosamente blanca con pecas, tu cabello pelirrojo esparcido sobre la cama, no  supe si seguías borracha de la fiesta, solo me acerque y deje la escoba que traía en la mano.


Me sorprendió que no te detuvieras, me sonreíste, que pecado no hacer nada al respecto, salte sobre ti y te empecé a besar, reaccionaste de inmediato, arqueaste la espalda con deseo y te frotaste en mí, era más de lo que esperaba, sentí como se me subió la temperatura del cuerpo, empecé a desvestirme rápidamente y tú me ayudaste, era como la mejor fantasía, pensé mirando tus pechos preciosos, llenos de pecas, te pusiste arriba de mí, y me deje, eras tan hermosa, tan gloriosa, eras más grande que yo, por mucho, tendrías alrededor de unos 30 y yo a penas 19, pero eso no importaba.


Aquella visión era angelical, empezaste a besarme el cuello, note como mi pene se erguía y se pegaba en tus partes, depiladas, exquisitas, tenía que probarte pero por ahora deje que me hicieras lo que tu deseabas. Y jugaste conmigo, como siempre había querido, solo que las chicas de mi edad incluida mi novia eran tan inexpertas que no era lo mismo, se notaba que tu mandabas en mí. Mordiste mis pezones lo que me sacó auténticos gemidos, te deslizaste hacia mi cadera y te observe poniendo las manos tras la nuca, tal como en los videos que veía, metiste mi pene a tu boca como si superas exactamente lo que quería, me lamiste hasta los testículos y aunque quería seguir viendo a momentos cerraba los ojos ante tanto placer.


Estaba acostumbrado al sexo con mi novia, donde yo hacia todo y me gustaba sentir que usaba su cuerpo para darme placer, pero en esta ocasión, me encantaba sentir que eras tú la que me hacías el amor. Sentía que pronto me vendría, y te lo dije, no me preocupa respondiste tú, era como el mejor de los sueños, sentí como se me acelero el pulso y no pude enfocar la mirada, me vine deliciosamente en tu boca, cosa que mi novia no permitía, y tu hasta te lo tragaste.


Al recuperar un poco el sentido, me di cuenta de que estaba empapado en sudor y había mordido mi brazo, pero no me importo, te levantaste y me miraste de una forma que deseaba que me hicieras lo que quisieras. Tómame sobre la mesa, dijiste, y caminaste hacia un escritorio, obedecí en silencio, te empuje contra el mueble y te inclinaste con tanta rapidez que supe qué hacías aquello seguido, me excite aún más, poder poseer a una mujer madura como tú, era todo un privilegio. 


Me acerque a ti y lentamente te penetre, la vista era espectacular desde mi perspectiva de pie, tus nalgas suaves y prominentes se pegaban en mi cuerpo con cada entrada, empezaste a gemir deliciosamente y tuve que tener mucho autocontrol para no venirme, era muy difícil, sentía como se me hinchaba el glande, como tus líquidos empezaban a escurrir por mis testículos y a gotear en el suelo…



Pedias más rudeza, así que me esforcé en complacerte, tomándote de las caderas y empujando con más fuerza, te tome del cabello y eso te encanto, comenzaste a gemir y sudar visiblemente, yo sentía como mi propio placer comenzaba a superarme, me escuche gemir, sentía como todo el cuerpo se me contraía y fijaba la vista en tu espalda blanca y tu cabello rojo.

El clímax llego primero para ti, afortunadamente pude aguantar unos segundos, y sentí como te estremeciste y contrajiste las paredes vaginales, y eso ya no lo pude aguantar, sentí como mi semen fluía tan caliente y espeso, grite de placer, sentía que perdía fuerza en las piernas, me apoye de la mesa y en ti, encajándote aún más mi miembro, tú te apretabas deliciosamente.


Cuando todo acabo yo aún seguía duro, la sensibilidad de mi pene era enorme y tú lo sabias, no me dejaste salir de ti, solo permitiste algunos minutos de descanso, luego tratando de normalizar mi respiración pensé en que tal vez habías contratado un servicio de limpieza como el que yo prestaba porque era tu fantasía que te limpiaran la casa y te cogieran. Pero no duro mucho ese pensamiento después quisiste otra vez pero ahora en la cama y arriba de mí. Por supuesto no me opuse aunque sabía que seguro terminaría muy cansado, pero valía la pena.


Lo hicimos en la cama, tu cabalgándome sin control, veía tu pechos rebotar, los tome con las manos, estábamos empapados en sudor, en fluidos, tu olías deliciosamente… me sostuviste las manos y te inclinaste en mí, tus senos se frotaban en mis pectorales, sentía que esta vez no podía controlarme, trataba con todas mis fuerzas de contenerme, y de pronto sentí que te contraías nuevamente, al saber que era tu momento próximo al clímax, me deje ir yo también, no sé cómo es que aun salió algo de mí, pues tu parecías quererme dejar seco.



Pasados unos momentos te levantaste bruscamente y me dijiste, sigue con lo tuyo, te contrate para limpiar no para coger. Me pareció un poco grosero, pero todo podía perdonarte cogías como diosa.

Gustos culpables.



Definitivamente tú eras uno de ellos.


El otro día, mientras comía con una vieja amiga y su esposo, me puse a recordarte, aquella aventura fue algo que merece la pena recordar. Estábamos en universidad, en carreras diferentes pero me llamabas mucho la atención, y a quien no, realmente tenías un físico espectacular, eras popular, la clase de chico que tiene prospectos de sobra, pero en fin, me gustabas.


Un día se cumplió mi sueño ese que tanto deseaba; el tenerte. Sucedió en el verano mientras partíamos a un macro evento que juntaba varias carreras en un viaje a puerto del sol, el pretexto educativo fueron las pláticas ministeriales para la carrera y las conferencias con eminencias de la arquitectura histórica, por otro lado los alumnos sabíamos que era para ir de parranda y disfrutar.

Fuimos todos y no te perdí de vista, por supuesto te veías fantástico y yo lamentaba que tuvieras a tu novia tan cerca, pero en mi momento de juventud sentía que la moral podía ser relajada. El segundo día tuve mi oportunidad, pasada la conferencia tu novia se fue a comer con sus amigas, al parecer te había hecho un drama por alguna tontería, así que a ti te apetecía distraerte, escuche a hurtadillas que ibas a salir a comer por la tarde y que pasarías el día en tu cuarto de hotel, aproveche para colarme en el ascensor contigo, de vista me conocías, así que sonreíste al verme en señal de saludo.

Yo no perdí el tiempo, a lo que iba, me gustas te dije, me miraste con algo de sorpresa y placer, estabas acostumbrado a los halagos, eres muy amable dijiste, quieres tener sexo conmigo, pregunte, realmente necesitaba saberlo, abriste los ojos aún más sorprendido, no sé qué decir, respondiste, no ocupe más, sabía que debía aprovechar, te bese intenso, me encanto que no te resististe, sabias a menta, eras poco más alto que yo, así que no tuve que esforzarme demasiado para tener tu cuerpo junto al mío y abrazarte con pasión.
¡Vaya!, la moral entonces sí que era algo opcional para mí, pensé mientras veía a mi amiga tomar vino, seguí recordando como empezamos con un intenso beso aquel encuentro, eras tan glorioso como yo había imaginado, o quizá era que se cumplía mi fantasía y por lo tanto era yo lo que deseaba.


Me manoseaste sin piedad recorriendo mi cuerpo como si lo conocieras, mordiste mis labios de forma provocativa y la respiración agitada, llegamos a tu piso y salimos aun medio enredados en aquella pasión repentina, no parecía preocuparte si alguien nos veía, nos metimos pronto en tu cuarto, estaba solo para fortuna, nos comenzamos a quitar la ropa, tu cuerpo era todo lo que yo había imaginado, piel morena, marcado por el ejercicio de tres años siendo jugador estrella del equipo de atletismo; olías rico, algo parecido a la madera y al coco, te deseaba tanto, ni palabras decíamos, no sabía que era tan fácil seducirte lo habría intentado antes, tus besos me sabían a gloria, tus caricias a placer…



Rápidamente nos tiramos en un sofá grande, tu arriba de mí, se notaba que así era como te gustaba hacer las cosas, disfrutaste de recorrer mis pechos que eran pequeños en aquel tiempo, pero no pareció importarte, era tanta la energía de entonces, que nos arrancábamos la ropa mientras nos besábamos dejándonos sin aliento. Mire tus ojos color avellana, segura de saber que era lo que querías, te limitaste a bajar por mi vientre besándome, avisándome lo que deseabas hacer, yo ardía en deseos, levante las caderas en señal de sumisión.

Lamiste mis partes como un experto, se notaba que era algo habitual en ti, no me importo en el momento saber a cuantas habías hecho lo mismo… todo era placer en ese momento, era deseo que se desbordaba. Comencé a sentir el corazón acelerado sabía lo que venía en camino, te dije que continuaras, así lo hiciste, vaya oral; pensé mientras el mesero traía la comida.

Nunca había experimentado algo como lo que me hiciste, sentí como perdía el control de mí, como gemía tan deliciosamente, como sudaba como nunca… y justo al llegar al clímax una nueva sensación me invadió, abrí los ojos y te vi, tu cara no estaba entre mis piernas, ahora estabas dentro de mí, sentí como mis partes se apretaban a las tuyas, no me puse a averiguar en ese momento si te habías puesto protección, quería más de ti.

Comenzaste a embestirme con ganas, con energía de juventud… el recuerdo me hizo mirar mi plato y cerrar las piernas. Me cogiste con ganas, como si tú también me hubieras deseado por meses, eras muy fuerte, así que yo sentía que seguramente no podría caminar bien o sentarme al día siguiente, pero aquello era lo de menos, ver tu cuerpo desnudo que exquisitez. Tenías algunos lunares en el pecho que yo lamí. Comenzaste a perder el control, yo quería que tú también tuvieras placer, así que te anime a seguir y comencé a mover las caderas a tu ritmo, tu cara de orgasmo era como la de un actor porno profesional, pensé mientras comenzaba a comer y mi amiga me ponía al día sobre sus hijos recién nacidos, y mientras yo fingía poner atención volvía en mi mente a aquel momento en el que te venias en mí y tu forma tan deliciosa de gemir hasta el final con los ojos muy abiertos mirándome…


Me moje los labios y regrese al presente pues debía seguirle el hilo a la conversación, mi amiga comento que me veía distraída, le dije que no pasaba nada y aproveche a ver a su marido, el parecía levemente incomodo, pero aun así, sostuvo mi mirada y sonreí al recordar aquella noche que estuvo sobre mí en el verano.

Era un gusto culpable, quien lo diría que él se casaría con aquella novia berrinchuda y que aquella novia berrinchuda un día trabajaría conmigo y seriamos mejores amigas, nunca le conté lo sucedido por supuesto, pero ver a su esposo siempre era un placer, comprobé que él tampoco había comentado nada de aquel fugaz encuentro de juventud.



21 de enero de 2017

Las cosas son lo que son.



Siempre hubo chispa entre nosotros aunque no duramos mucho, tenías manías que yo no entendía, aparte te encantaba ir de aquí allá, conociendo personas y alejándote de otras. Total así te conocí, así me encantabas, sabía lo que sucedería.

Pasados los días me puse a pensar en ti, te llame y quedamos de vernos, como siempre con esa mirada insidiosa sabíamos que algo pasaría, aunque no lo decíamos con palabras, pero era un hecho, nuestros pasos eran ligeros, de quien busca el lado positivo de todo, a veces me tomabas las manos jugando, siempre tentándome a ir más allá…

Y siempre íbamos más allá…


Ese día fue en tu morada, llegamos lo habitual, riendo, contando historias del trabajo, tu casa siempre oliendo a madera, cómoda y un poco tirada, pronto nos pusimos cómodos, charlando aun de cosas sin importancia, era nuestro preámbulo, solo platicar de otros, del clima de lo que sea menos de lo que sentíamos o de lo que hacíamos. En una pausa me miraste fijamente esos ojos verdes matadores, como negarse a ellos, era la señal, era el momento, comenzamos a besarnos como siempre, pero como nunca.


A lo largo de mi vida había tenido muchos amantes, pero tú eras mi favorito, tu que nada exigías, tu que nada pedías, solo te entregabas en el momento justo. Ese quizá era tu encanto, mi perdición…

Nos besamos por largo tiempo, quizá fueron solo minutos, pero para mí era eterno el sentir tus labios carnosos, no eras guapo, no como los modelos de revista, tú eras real, eras pasión, ancho de espalda, piernas largas barba abundante, pues no te gustaba rasurarte a menudo, tenías la nariz larga, pero tu fuerte eran los ojos, impresionantes tan grandes y verdes llamaban la atención a cualquiera y yo siempre me perdía en ellos.

Pronto las caricias llevaron a algo más, como siempre tus manos recorrían mi cuerpo, sabían dónde estaban las curvas, se adaptaban a ellas, y yo claro, no me quedaba atrás, lamiendo tu cuello mis manos se aferraban a tus partes, porque sabía que eso te encantaba, que yo era directa en cuanto recibía la señal…


Así era nuestro juego sin palabras, tocábamos y disfrutábamos, la ropa salía volando, y me morirías cada vez con más lujuria, te encantaba dejar marcas y aunque a mí me molestaba, en el momento de estar contigo nada me importaba, eras pura pasión andando, quien lo imaginara de aquel chico robusto y barbón que se convirtiera en un apasionado amante que buscaba placer.

Actuábamos con egoísmo propio de quien busca placer, de pronto en una pausa entre caricias, me di cuenta de que estábamos desnudos en tu sillón a media tarde, sudados y yo gemía estruendosamente mientras tus habilidades con la lengua satisfacían mi cuerpo…


¡Qué manera de usar la lengua! pensaba yo mientras miraba tu cabeza entre mis piernas, siempre te gustaba comenzar con eso, yo tan excitada, tan mojada nunca me oponía, por momentos me hacías temblar, recorrías mi clítoris como un experto, te deseaba más que nunca, estos encuentros eran gloriosos.

Pronto entraste en mí, sin más preámbulos, erecto como estabas no te costó trabajo, comenzaste ese vaivén que me mataba, cada envestida era más y más deliciosa, mas furiosa también, eso era lo que hacíamos, amarnos a ratos, o quizá solo yo te amaba, pero en ese momento no me importaba.

Yo tendía a cerrar los ojos, pero tú no, tu siempre mirabas, te encantaba estar arriba de mí, te imponías tal cual, grande y robusto, pelo en pecho, me perdía en gemidos y en tus venas del cuello… cada vez más cerca del éxtasis que tanto anhelaba tú eras más y más cercano, eran los únicos momentos en los que sentía que me amabas, o al menos me amabas como yo quería ser amada, pues me veías a los ojos profundamente, sonreías, gemías y justo antes de venirte me decías: te amo.


Que delicia tu cuerpo sudado entrando en esa convulsión de placer, la sangre te inundaba el pecho y la cara, no he conocido mejor cara de orgasmo que la tuya y eso que he amado a más personas. Pero tú definitivamente eras un hombre que uno recuerda toda la vida.

Cuanto placer, no quería que te salieras de mí, pero tú siempre te ibas, así eras tú, y no buscaba cambiarte…



14 de enero de 2017

De ti, ¡qué no podría decir!


Con esos ojos que me mataban… con esa sonrisa a la que se le hacen hoyuelos…


A veces solo de pensar en ese momento me pongo en tensión sexual aunque esté sola. Estábamos ahí en un día cualquiera haciendo ejercicio, solos, para variar, ¿qué más se podía pedir? Fue como si el universo por fin me diera la oportunidad, ocurrió rápido, eso no lo voy a negar, pero para mí, fueron minutos robados al destino de aquella mujer que te poseía.

Después de entrenar me quede a platicar, seguíamos solos, te mire tal cual, tanto que te deseaba, a veces sentía que tú lo sabias, por tu forma de reír, por tu manera de agachar la mirada, a veces pensaba que tú no te dabas cuenta, eras demasiado distraído, aproveche eso, sabía que era ahora o nunca.

Te mire fijamente y espere a que tu vista dispersa se fijara en mí, tus ojos brillaban, dilatados, no sé si sería por el ejercicio que acabábamos de hacer, pero me lance por ti, perdí el control que tanto aseguraba yo tener, te tome con ambas manos y te bese, te bese con intensa pasión, ya había esperado mucho, y si era lo único que de ti tendría, pues al menos que ese pedazo de historia fuera maravilloso pensé.

Ese delicioso momento en el que no te resististe, en el que me devolviste el beso como si lo estuvieras esperando, era como soñar, y ni siquiera el sueño más erótico contigo se compraba con la realidad, labios suaves, respiración agitada, tu piel caliente, tu cercanía me volvía loca.
¡Que beso! Debería estar prohibido besarse así, era tanta pasión, que de un momento a otro estábamos abrazados, mis manos urgentes obedecían a mis instintos, quitándote la ropa; tus manos no se quedaban atrás, era como si de pronto nada existiera, me tocabas los pechos con ansias… En mi memoria queda como el suelo y el silencio fueron testigos presenciales de nuestro encuentro, tan breve, tan intenso, tan esperado…


Es como soñar, de pronto no sabes cómo es que llegaste a ese lugar, pero ya estaba arriba de ti, sin precauciones, sin pudor, moviéndome al compás de tus gemidos, desnudos, fundiendo los cuerpos. Sentía como estabas dentro, sentía como deseabas que pasara, sentía como la eternidad si existía, probaba un trozo de cielo contigo.



Se sentía tan bien que recordarlo ahora me hace cerrar las piernas y contraerme como si aún sucediera, tus manos eran suaves, recorrían mi piel presurosas pero con ternura. Me mirabas con excitación, gemías suave, paraíso pensé, tu olor y el mío se fundían en el ambiente, no quería venirme, pero para que negarlo tu miembro era generoso y cumplía su función.

Estaba en partes de mí, muy sensibles al tacto, maldita sea, si solo hubiera podido resistirme un poco más, sólo para deleitarme viendo tu cara, tu expresión, esa boca entre abierta gimiendo suave, esos ojos negros viéndome, esas mejillas sonrosadas por la excitación pero a su vez deseando cada vez más…


Y justo ahí, olvide hasta mi nombre, me deje llevar, me rendí ante ti, me vine de una manera intensa, sentí que te clave las uñas en el pecho, al fondo escuche tu gemido, no supe si era de placer o dolor, ambas ideas me excitaban, tú me tomabas fuerte de las caderas mientras yo me movía arriba de ti, sin control, concentrada en lo que sentía…


Momentos después, cuando al fin recuperaba la cordura, te vi, justo en el momento en que tú te ibas de la tierra, justo cuando tu orgasmo te llevaba al cielo y tenías esos espasmos involuntarios, tenías los ojos fuertemente cerrados, pero sabía que no dormías, gemiste profundo y grave, como si el gemido viniera desde lo más profundo de tu cuerpo y estuviera esperando salir…


¡Qué recuerdos!, ¡qué historias!, ¡qué vida!



28 de septiembre de 2015

El gran orgasmo



Estaba ahí, no supe cómo había llegado tan lejos con ella, simplemente me encantaba, podía actuar tal como era, sin miedo al rechazo, quizá por eso mi cuerpo se dio ese respiro.

Sus ojos de universo atravesaban a los míos sin pedir permiso, me engullía el negro de sus pupilas. Me perdí en ella, en aquel olor que tan loca me ponía, en sus suaves caricias, ¿que tenía ella? Quizá no era ella la que tenía algo, quizá era yo, mi mente que se perturbaba con ella cerca, yo era la que perdía la noción del tiempo y las cosas y todo lo que deseaba era estar ahí sintiendo eso por ella.

Perdida en ella, en su cuerpo tal como estaba, recostada, podía ver esas pupilas dilatadas que me invitaban a perderme en el más profundo de los abismos que jamás había yo visto, deseaba tanto meterme en esas pupilas y saber hasta dónde llegaba esa profundidad, que el negro hermoso aquel, se comiera por completo mi cuerpo y me transportara a mundos distintos que yo no conocía. Sentir el tacto de sus manos en mí, era como ir perdiendo la cordura, respirar lento su aroma era algo totalmente apasionante, placeres exquisitos como aquel deberían durar más, pensé para mis adentros mientras recorría sus curvas.

Besos, caricias, susurros, gemidos.

Navegar entre las pasiones y el sudor es algo que me encanta con ella, me hundo por completo en sus ojos marrones, observo la figura de desgarre que tienen, son como el cosmos en diminuto, es mirar directamente a lo incomprensible, y saber que el no saber, era excitante, era hacerme polvo de buen agrado.

Brazos, piernas, besos, suspiros.

No podía creer tanta belleza, mis sentidos alerta estaban empapados de ella, mis ansias eran grandes, solo refrenadas por ella…


Sin límites



Como el título de la película y ahora serie.


Pues bien mucha gente que me va conociendo tiene una idea errónea de mí, un concepto de que por mi manera libre de hablar de la sexualidad y mi relación amorosa; yo soy inmoral o simplemente no tengo límites.

Algo así como una zorra promiscua que es ninfómana, pues bien, todo esto me parece muy estúpido, al menos si desean realmente poder criticar la manera en que soy, mínimo deberían conocerme para tener un buen fundamento para poder expresarse de mi de tal o cual manera. Estoy un tanto molesta porque muchas veces hago comentarios sobre moral o ética y la gente voltea a verme como si yo no tuviera derecho a decir ese tipo de cosas porque yo no las llevo a cabo, cuando realmente mi moral es bastante alta y mi ética la respeto mucho.

La moral que se maneja en esta sociedad es un poco diferente a la mía, está llena de religión y cosas anticuadas que en lugar de ayudar, limitan a la gente en su vida y en su andar. Y mi moral siempre busco que tenga coherencia con mis vivencias y con mi principal valor que es evitar el daño a otras personas. Siempre busco que las personas que me rodean sepan sobre mí, cosas reales y verdaderas y así mismo procuro que la relación que entablo con ellas sea sincera, al menos de mi parte.

Pero al parecer como mi moral es diferente, sienten que no es moral, que es como si yo fuera inmoral o amoral. Y ya por eso pueden criticar lo que hago y sentirse bien consigo mismos como si ellos al seguir esos estándares sociales (que realmente ni siguen) fuesen mejores personas que yo.

Es lamentable que se me juzgue por tener una relación poliamorosa y esas personas que me critican tengan una falsa relación monógama con su pareja y en todo momento le sean infieles a las promesas que ellos prometieron, se me hace una estupidez tan grande que me critiquen por tomar de la mano a dos hombres y ellos se revuelquen con sus amantes por todas partes donde todos saben que son casados. Para mi es mucho más inmoral faltar a tus promesas y lastimar a la gente que confía en ti, que llevar una relación abierta donde las personas saben lo que haces. Pero no, al parecer aquí yo soy la perra inmoral.

No quiero caerle bien a toda la gente, ni darle gusto a mi familia, solo espero que la gente sea menos estúpida, que se tomen si quiera el tiempo de saber las cosas de una persona para poder criticarla con todos los hechos y no asuman que una persona no tiene moral solo porque se comporta diferente.

A veces me siento bastante criticada y lo peor de todo es que esa gente que tanto se llena de moral, es la gente a la cual yo le sé más cosas inmorales que nada. Solo me da gracia que salgan a tratar de decirme que deje de actual de tal o cual manera cuando ellas mismas son mucho más inmorales que lo que yo llevo en mi manera liberal de vivir. No ando por ahí mintiéndole a la gente, creando excusas para verme mejor, limpiando mi imagen, como mujer casta que ni groserías dice, al contrario que sepan cómo hablo para no esconderme. Y esas otras personas, hombres y mujeres que van por ahí mintiendo dañando y tapando sus fechorías deberían cuando menos esconderlas mejor de mí para no tener que pasar por semejantes cosas.

Pero bueno creo que en moral nadie sale de acuerdo conmigo y tal vez mi manera de ver las cosas es muy diferente a la de la sociedad en la que vivo así que no me queda más que poner los ojos en blanco cada vez que me critican de inmoral y dejar que las cosas sigan su curso, si yo realmente estoy mal y con mi manera de actuar daño a las personas, pues ya se encargara el tiempo y personas de hacerme pagar.

Y claro como yo aquí soy la puta, pues seguro me ando cogiendo a toda aquella persona que se me pone enfrente y organizo orgias en mi casa cada domingo. La vida no es tan bella ni gira alrededor del sexo, al menos la mia no, no soy una persona falta de ética, moral o valores, solo son diferentes a los que la mayoría piensa, así de sencillo, pero claro, lo sencillo resulta complicado cuando para la gente es desconocido. Mas risa aun cuando hay mujeres que al saber de mis andares ni me presentan a sus parejas porque no vaya a ser que yo les pida sexo oral ahí mismo, o vaya a tratar de “quitárselas” por favor, nadie es de nadie, así que yo nunca podría quitar a nadie del algo de nadie, por otra parte, ni que estuviera yo enferma para andar haciendo esas cosas.


Por Darwin hasta donde nos lleva la ignorancia, un poco de cerebro gente. El hecho de que mi moral sea distinta no te da derecho a decir que no tengo moral o que haría tal o cual cosa.


Mi consejo:
No le busques chichis a las culebras decía mi abuela, creo que ni tiene que ver con el tema pero me acorde.




Hipócritas del sexo



Yo en lo particular, encuentro interesante y recreativo hablar de sexo.


Pero claro hay mucha gente que se siente incómoda en este tema, como si fuese algo malo, o reprochable. No sé por qué lo hacen, dado que todos hemos tenido, tendremos, o venimos a este mundo por él.

Como podemos condenar algo tan natural y delicioso como lo es el placer carnal me pregunto yo para mis adentros y para mis afueras. Pero es una realidad que hablar solo de sexo provoca que siendo mujer, otras más te juzguen de promiscua o infiel (con sinceridad ni sé de dónde sacan la infidelidad) y si te escuchan hombres piensan que eres fácil de seducir.

No sé cómo sea, siendo hombre, tal vez pervertido pensaran las mujeres y los hombres al menos entre ellos tendrán apoyo. Pero yo como mujer estar cómoda hablando de sexo no me hace muy popular entre mis amigas.

Me agrada hablar de sexo, de lo relacionado y que me cuenten sus experiencias o dudas, pienso que debe ser algo culturalmente sano, puesto que el sexo es normal como una necesidad más que tenemos todos. Me encanta cuando hablo de ello y mujeres se escandalizan como si nunca en su vida hubieran tenido sexo, si de esas mujeres que tienen hijos, o como si hablar de relaciones sexuales sea algo parecido a un delito.

Se dice que en mi país es una cultura libre, pero la realidad nos muestra mucho miedo y estigma a los temas sexuales, si ya bien se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo y esto libero unas tensiones, no todo es agradable puesto que mucha gente ahora siente que deben tener reglas como de no exhibirse como si demostrar amor fuera algo sucio o incriminatorio, quitando así la libertad sexual ganada.

Si hablas de masturbación, rápidamente serás catalogada de libertina, como si hacer el amor con la persona más sublime del mundo o sea tú mismo fuese una cosa totalmente fuera de lo común, creo que mi moral no es para esta generación o tal vez para este lugar donde vivo.

Es molesto que la sexualidad siendo mujer sea algo que no se debe discutir, platicar o siquiera contar con tus amigas porque siempre se piensa que una mujer no es bueno que disfrute de los placeres carnales, es como si esto la hiciera menos valiosa para la sociedad.
Pero aquí la doble moral sale a relucir porque mientras educamos a las mujeres para que no expresen sus deseos sexuales o repriman sus actos, condenando aquellas que si lo hacen, pero creo que pese a todo es más una condena por parte de las mismas mujeres que por parte de los hombres. Bien que por un lado despreciamos a esas mujeres que son abiertas con su vida sexual pero en el fondo también las demás quieren una persona que les haga un orgasmo, solo que al estar educadas de esta manera tan deprimente es muy impropio aceptar que se tienen deseos físicos que necesitan ser satisfechos.

Pienso que el placer no debe ser condenado por la sociedad y cultura de cada región, y menos la sexualidad femenina, que por eso mismo las mujeres estamos llenas de miedos, inseguridades y traumas sexuales, que rara vez siquiera admitimos. No soy sexista, no culpo a los hombres de esta mala educación e información, es culpa de personas en plural que han ido creando esta manera de pensar y educar las personas donde el sexo debe seguir ciertos lineamientos para ser llevado a cabo de manera correcta y aceptada.

No veo porque tanta represión a las mujeres en específico hablar sobre sexo, si no está tipificado en la constitución como delito no creo que tengamos porque dejar de hablar de ello o sentirnos mal por un tema tan normal como ese.

Cada mujer debe expresar sus deseos y fantasías libremente y no ser discriminada por ello. Tiene derecho al placer que pueda producirse ella misma o que le produzca al estar con otra persona. Debemos educar nuestras mentes para estar abiertas ante estos temas y saber que es sano hablar de sexo.



Mi consejo: el sexo solo es tabú para ti, porque tú así lo quieres.