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8 de abril de 2017

Gustos culpables volumen dos.



A ratos la culpa me hacía sentir mal, ella se había convertido en mi mejor amiga, pero el verte con ella hacia que mi deseo creciera, no nos habíamos visto más que brevemente en cumpleaños de mi amiga y en dos cenas navideñas, pero no podía dejar de pensar en ti, los años te habían favorecido, aun practicabas deporte aunque eras padre y cabeza de familia, se notaba que trabajabas tu cuerpo, ese cuerpo que yo deseaba. Desde la última comida donde recordé detalles de nuestro único encuentro una llama se encendió en mí.

Busque pretexto para ir a casa de mi amiga y verte más seguido, siempre evitabas estar a solas conmigo, eso de cierta forma me excitaba aún más…


Un día en horas que sabía que mi amiga no estaría fui a su casa, estaba caliente y no me importaba nada, ahí estabas tú, solo, al parecer planeabas ir al gym pues me abriste la puerta a medio cambiar, garrafal error de tu parte. ¿Esta Irene? Pregunte sabiendo la respuesta, hola, no, en realidad salió con su hermana, contestaste algo nervioso, pero sin evitar mi mirada. Ah pues en ese caso es perfecto dije yo e inesperadamente para ti te comencé a besar, trataste de quitarte, pero yo sabía que lo deseabas, así que no te resististe por demasiado tiempo, pienso que tú tampoco olvidabas aquel encuentro juvenil.


Siendo adultos ya con más experiencia, el sexo fluyo de manera armoniosa, cogimos en la sala, en el sillón, como haciendo homenaje, tu cuerpo era hermoso, era muy deseable, habías madurado mucho, de como yo te recordaba, te lamí todo el cuerpo, gemías delicioso, pero esta vez decidiste voltearme de espaldas y darme duro así, a mí me encantó la idea, mis pechos de apretaban en los cojines del sofá mientras tú me penetrabas sin control y de nuevo sin protección, no podía ver tu rostro pero era delicioso como me sometías, sentía tu pene entrar de lleno en mí, y como nuestros fluidos se mezclaban, empujabas con fuerza y yo levantaba más las caderas para que la penetración fuera más profunda…



Habías aprendido algunos trucos por ahí, pronto me metiste un par de dedos en la boca mientras yo gemía sin remedio, siempre había sido una sucia, así que la idea de que me trataras así, era muy excitante, me vine a los ocho minutos, pero tu continuabas penetrándome, relaje el cuerpo y tú comenzaste a ponerte más violento, jalaste mi cabello deliberadamente, sacaste tu pene y me hiciste que te lo chupara, que ganas había tenido, sabias a mí y a ti, tan delicioso, mientras te la mamaba te miraba, esos ojos avellana que tanto me hacían arder, te la chupe con ganas, te hice garganta profunda y te encanto, tus mejillas y pecho pronto se llenaron de sangre y sabía que pronto te vendrías. Decidiste hacerlo en mis pechos y me encanto, para que negar, me gustabas, y era fabuloso el sexo.

8 de marzo de 2017

Juventud y deseos.





Estaba tranquilo limpiando la casa, habían dejado mucha basura, pero era mi trabajo así que no me quejaba, con suerte y podría salir temprano para ver a mi novia. Al pasar por el cuarto escuche sonidos de placer, sin poder evitarlo eche un vistazo, ahí estabas masturbándote, desnuda sobre la cama, tu piel deliciosamente blanca con pecas, tu cabello pelirrojo esparcido sobre la cama, no  supe si seguías borracha de la fiesta, solo me acerque y deje la escoba que traía en la mano.


Me sorprendió que no te detuvieras, me sonreíste, que pecado no hacer nada al respecto, salte sobre ti y te empecé a besar, reaccionaste de inmediato, arqueaste la espalda con deseo y te frotaste en mí, era más de lo que esperaba, sentí como se me subió la temperatura del cuerpo, empecé a desvestirme rápidamente y tú me ayudaste, era como la mejor fantasía, pensé mirando tus pechos preciosos, llenos de pecas, te pusiste arriba de mí, y me deje, eras tan hermosa, tan gloriosa, eras más grande que yo, por mucho, tendrías alrededor de unos 30 y yo a penas 19, pero eso no importaba.


Aquella visión era angelical, empezaste a besarme el cuello, note como mi pene se erguía y se pegaba en tus partes, depiladas, exquisitas, tenía que probarte pero por ahora deje que me hicieras lo que tu deseabas. Y jugaste conmigo, como siempre había querido, solo que las chicas de mi edad incluida mi novia eran tan inexpertas que no era lo mismo, se notaba que tu mandabas en mí. Mordiste mis pezones lo que me sacó auténticos gemidos, te deslizaste hacia mi cadera y te observe poniendo las manos tras la nuca, tal como en los videos que veía, metiste mi pene a tu boca como si superas exactamente lo que quería, me lamiste hasta los testículos y aunque quería seguir viendo a momentos cerraba los ojos ante tanto placer.


Estaba acostumbrado al sexo con mi novia, donde yo hacia todo y me gustaba sentir que usaba su cuerpo para darme placer, pero en esta ocasión, me encantaba sentir que eras tú la que me hacías el amor. Sentía que pronto me vendría, y te lo dije, no me preocupa respondiste tú, era como el mejor de los sueños, sentí como se me acelero el pulso y no pude enfocar la mirada, me vine deliciosamente en tu boca, cosa que mi novia no permitía, y tu hasta te lo tragaste.


Al recuperar un poco el sentido, me di cuenta de que estaba empapado en sudor y había mordido mi brazo, pero no me importo, te levantaste y me miraste de una forma que deseaba que me hicieras lo que quisieras. Tómame sobre la mesa, dijiste, y caminaste hacia un escritorio, obedecí en silencio, te empuje contra el mueble y te inclinaste con tanta rapidez que supe qué hacías aquello seguido, me excite aún más, poder poseer a una mujer madura como tú, era todo un privilegio. 


Me acerque a ti y lentamente te penetre, la vista era espectacular desde mi perspectiva de pie, tus nalgas suaves y prominentes se pegaban en mi cuerpo con cada entrada, empezaste a gemir deliciosamente y tuve que tener mucho autocontrol para no venirme, era muy difícil, sentía como se me hinchaba el glande, como tus líquidos empezaban a escurrir por mis testículos y a gotear en el suelo…



Pedias más rudeza, así que me esforcé en complacerte, tomándote de las caderas y empujando con más fuerza, te tome del cabello y eso te encanto, comenzaste a gemir y sudar visiblemente, yo sentía como mi propio placer comenzaba a superarme, me escuche gemir, sentía como todo el cuerpo se me contraía y fijaba la vista en tu espalda blanca y tu cabello rojo.

El clímax llego primero para ti, afortunadamente pude aguantar unos segundos, y sentí como te estremeciste y contrajiste las paredes vaginales, y eso ya no lo pude aguantar, sentí como mi semen fluía tan caliente y espeso, grite de placer, sentía que perdía fuerza en las piernas, me apoye de la mesa y en ti, encajándote aún más mi miembro, tú te apretabas deliciosamente.


Cuando todo acabo yo aún seguía duro, la sensibilidad de mi pene era enorme y tú lo sabias, no me dejaste salir de ti, solo permitiste algunos minutos de descanso, luego tratando de normalizar mi respiración pensé en que tal vez habías contratado un servicio de limpieza como el que yo prestaba porque era tu fantasía que te limpiaran la casa y te cogieran. Pero no duro mucho ese pensamiento después quisiste otra vez pero ahora en la cama y arriba de mí. Por supuesto no me opuse aunque sabía que seguro terminaría muy cansado, pero valía la pena.


Lo hicimos en la cama, tu cabalgándome sin control, veía tu pechos rebotar, los tome con las manos, estábamos empapados en sudor, en fluidos, tu olías deliciosamente… me sostuviste las manos y te inclinaste en mí, tus senos se frotaban en mis pectorales, sentía que esta vez no podía controlarme, trataba con todas mis fuerzas de contenerme, y de pronto sentí que te contraías nuevamente, al saber que era tu momento próximo al clímax, me deje ir yo también, no sé cómo es que aun salió algo de mí, pues tu parecías quererme dejar seco.



Pasados unos momentos te levantaste bruscamente y me dijiste, sigue con lo tuyo, te contrate para limpiar no para coger. Me pareció un poco grosero, pero todo podía perdonarte cogías como diosa.

Voy a contar lo que me gustaba de ti.


Tú forma de coger.
Es todo.


Eran casi mis treinta y salí de fiesta, eras amigo de una amiga y nos presentó, me caíste mal, eras contrario a mí, yo culta egresada de la licenciatura en artes, y tu un tipo vulgar y machista. Pasadas las copas, terminamos en tu auto besándonos, ni conversamos, solo sé que contigo repito.
Comenzaste besándome de manera lenta pero pasional, yo un poco borracha y caliente como siempre lo he sido no me negué, ahora sobria me doy cuenta de que para nada estábamos destinados a ser algo más. Pero que importa cuando estas en la fiesta buscas placer.

Tus besos eran sacados de películas pornográficas y eso me encantaba, pese a ser un tipo evidentemente vicioso, no olías mal, tu cuerpo era fragancia masculina que siempre excita, te ejercitabas, quizá lo habías hecho en prisión, dios sabe dónde, pero eso tampoco importa, aunque pensar que eras un chico malo, malo de verdad de esos que dan miedo; me excitaba, sabias como provocar, con gemidos leves que denotaban tus ganas, me tomaste en el piso, sin que me importara un carajo nada.

Pronto estuvimos desnudos, recorrías mi cuerpo con tu lengua, a momentos me mordías y yo me perdía, sé que dejabas marcas pero realmente no me importaba, todo era placer por placer. Cogimos mucho, cogimos salvaje, como si nos tuviéramos coraje, jalabas mi cabello mientras me poseías, yo me sentía feliz indefensa, nunca me había gustado ser la víctima, pero contigo era otra cosa.

Por otra parte tenías un miembro generoso que sabias usar, lleno de venas frotabas mis paredes vaginales haciéndome estallar de placer, se me olvido tu nombre pero nunca la forma de tu verga. Esa noche de copas terminó en sexo salvaje inesperado y fortuito. Fácil me lo hiciste unas cuatro veces, termine exhausta y muy satisfecha. Eras implacable e impecable en las artes de la cama. Después de ese encuentro obviamente decidí repetir un par de veces más, pero al final mi instinto me alejo de ti por saber que las drogas podrían afectar mi vida pero no me arrepiento de lo que hicimos.

Gustos culpables.



Definitivamente tú eras uno de ellos.


El otro día, mientras comía con una vieja amiga y su esposo, me puse a recordarte, aquella aventura fue algo que merece la pena recordar. Estábamos en universidad, en carreras diferentes pero me llamabas mucho la atención, y a quien no, realmente tenías un físico espectacular, eras popular, la clase de chico que tiene prospectos de sobra, pero en fin, me gustabas.


Un día se cumplió mi sueño ese que tanto deseaba; el tenerte. Sucedió en el verano mientras partíamos a un macro evento que juntaba varias carreras en un viaje a puerto del sol, el pretexto educativo fueron las pláticas ministeriales para la carrera y las conferencias con eminencias de la arquitectura histórica, por otro lado los alumnos sabíamos que era para ir de parranda y disfrutar.

Fuimos todos y no te perdí de vista, por supuesto te veías fantástico y yo lamentaba que tuvieras a tu novia tan cerca, pero en mi momento de juventud sentía que la moral podía ser relajada. El segundo día tuve mi oportunidad, pasada la conferencia tu novia se fue a comer con sus amigas, al parecer te había hecho un drama por alguna tontería, así que a ti te apetecía distraerte, escuche a hurtadillas que ibas a salir a comer por la tarde y que pasarías el día en tu cuarto de hotel, aproveche para colarme en el ascensor contigo, de vista me conocías, así que sonreíste al verme en señal de saludo.

Yo no perdí el tiempo, a lo que iba, me gustas te dije, me miraste con algo de sorpresa y placer, estabas acostumbrado a los halagos, eres muy amable dijiste, quieres tener sexo conmigo, pregunte, realmente necesitaba saberlo, abriste los ojos aún más sorprendido, no sé qué decir, respondiste, no ocupe más, sabía que debía aprovechar, te bese intenso, me encanto que no te resististe, sabias a menta, eras poco más alto que yo, así que no tuve que esforzarme demasiado para tener tu cuerpo junto al mío y abrazarte con pasión.
¡Vaya!, la moral entonces sí que era algo opcional para mí, pensé mientras veía a mi amiga tomar vino, seguí recordando como empezamos con un intenso beso aquel encuentro, eras tan glorioso como yo había imaginado, o quizá era que se cumplía mi fantasía y por lo tanto era yo lo que deseaba.


Me manoseaste sin piedad recorriendo mi cuerpo como si lo conocieras, mordiste mis labios de forma provocativa y la respiración agitada, llegamos a tu piso y salimos aun medio enredados en aquella pasión repentina, no parecía preocuparte si alguien nos veía, nos metimos pronto en tu cuarto, estaba solo para fortuna, nos comenzamos a quitar la ropa, tu cuerpo era todo lo que yo había imaginado, piel morena, marcado por el ejercicio de tres años siendo jugador estrella del equipo de atletismo; olías rico, algo parecido a la madera y al coco, te deseaba tanto, ni palabras decíamos, no sabía que era tan fácil seducirte lo habría intentado antes, tus besos me sabían a gloria, tus caricias a placer…



Rápidamente nos tiramos en un sofá grande, tu arriba de mí, se notaba que así era como te gustaba hacer las cosas, disfrutaste de recorrer mis pechos que eran pequeños en aquel tiempo, pero no pareció importarte, era tanta la energía de entonces, que nos arrancábamos la ropa mientras nos besábamos dejándonos sin aliento. Mire tus ojos color avellana, segura de saber que era lo que querías, te limitaste a bajar por mi vientre besándome, avisándome lo que deseabas hacer, yo ardía en deseos, levante las caderas en señal de sumisión.

Lamiste mis partes como un experto, se notaba que era algo habitual en ti, no me importo en el momento saber a cuantas habías hecho lo mismo… todo era placer en ese momento, era deseo que se desbordaba. Comencé a sentir el corazón acelerado sabía lo que venía en camino, te dije que continuaras, así lo hiciste, vaya oral; pensé mientras el mesero traía la comida.

Nunca había experimentado algo como lo que me hiciste, sentí como perdía el control de mí, como gemía tan deliciosamente, como sudaba como nunca… y justo al llegar al clímax una nueva sensación me invadió, abrí los ojos y te vi, tu cara no estaba entre mis piernas, ahora estabas dentro de mí, sentí como mis partes se apretaban a las tuyas, no me puse a averiguar en ese momento si te habías puesto protección, quería más de ti.

Comenzaste a embestirme con ganas, con energía de juventud… el recuerdo me hizo mirar mi plato y cerrar las piernas. Me cogiste con ganas, como si tú también me hubieras deseado por meses, eras muy fuerte, así que yo sentía que seguramente no podría caminar bien o sentarme al día siguiente, pero aquello era lo de menos, ver tu cuerpo desnudo que exquisitez. Tenías algunos lunares en el pecho que yo lamí. Comenzaste a perder el control, yo quería que tú también tuvieras placer, así que te anime a seguir y comencé a mover las caderas a tu ritmo, tu cara de orgasmo era como la de un actor porno profesional, pensé mientras comenzaba a comer y mi amiga me ponía al día sobre sus hijos recién nacidos, y mientras yo fingía poner atención volvía en mi mente a aquel momento en el que te venias en mí y tu forma tan deliciosa de gemir hasta el final con los ojos muy abiertos mirándome…


Me moje los labios y regrese al presente pues debía seguirle el hilo a la conversación, mi amiga comento que me veía distraída, le dije que no pasaba nada y aproveche a ver a su marido, el parecía levemente incomodo, pero aun así, sostuvo mi mirada y sonreí al recordar aquella noche que estuvo sobre mí en el verano.

Era un gusto culpable, quien lo diría que él se casaría con aquella novia berrinchuda y que aquella novia berrinchuda un día trabajaría conmigo y seriamos mejores amigas, nunca le conté lo sucedido por supuesto, pero ver a su esposo siempre era un placer, comprobé que él tampoco había comentado nada de aquel fugaz encuentro de juventud.



21 de enero de 2017

Las cosas son lo que son.



Siempre hubo chispa entre nosotros aunque no duramos mucho, tenías manías que yo no entendía, aparte te encantaba ir de aquí allá, conociendo personas y alejándote de otras. Total así te conocí, así me encantabas, sabía lo que sucedería.

Pasados los días me puse a pensar en ti, te llame y quedamos de vernos, como siempre con esa mirada insidiosa sabíamos que algo pasaría, aunque no lo decíamos con palabras, pero era un hecho, nuestros pasos eran ligeros, de quien busca el lado positivo de todo, a veces me tomabas las manos jugando, siempre tentándome a ir más allá…

Y siempre íbamos más allá…


Ese día fue en tu morada, llegamos lo habitual, riendo, contando historias del trabajo, tu casa siempre oliendo a madera, cómoda y un poco tirada, pronto nos pusimos cómodos, charlando aun de cosas sin importancia, era nuestro preámbulo, solo platicar de otros, del clima de lo que sea menos de lo que sentíamos o de lo que hacíamos. En una pausa me miraste fijamente esos ojos verdes matadores, como negarse a ellos, era la señal, era el momento, comenzamos a besarnos como siempre, pero como nunca.


A lo largo de mi vida había tenido muchos amantes, pero tú eras mi favorito, tu que nada exigías, tu que nada pedías, solo te entregabas en el momento justo. Ese quizá era tu encanto, mi perdición…

Nos besamos por largo tiempo, quizá fueron solo minutos, pero para mí era eterno el sentir tus labios carnosos, no eras guapo, no como los modelos de revista, tú eras real, eras pasión, ancho de espalda, piernas largas barba abundante, pues no te gustaba rasurarte a menudo, tenías la nariz larga, pero tu fuerte eran los ojos, impresionantes tan grandes y verdes llamaban la atención a cualquiera y yo siempre me perdía en ellos.

Pronto las caricias llevaron a algo más, como siempre tus manos recorrían mi cuerpo, sabían dónde estaban las curvas, se adaptaban a ellas, y yo claro, no me quedaba atrás, lamiendo tu cuello mis manos se aferraban a tus partes, porque sabía que eso te encantaba, que yo era directa en cuanto recibía la señal…


Así era nuestro juego sin palabras, tocábamos y disfrutábamos, la ropa salía volando, y me morirías cada vez con más lujuria, te encantaba dejar marcas y aunque a mí me molestaba, en el momento de estar contigo nada me importaba, eras pura pasión andando, quien lo imaginara de aquel chico robusto y barbón que se convirtiera en un apasionado amante que buscaba placer.

Actuábamos con egoísmo propio de quien busca placer, de pronto en una pausa entre caricias, me di cuenta de que estábamos desnudos en tu sillón a media tarde, sudados y yo gemía estruendosamente mientras tus habilidades con la lengua satisfacían mi cuerpo…


¡Qué manera de usar la lengua! pensaba yo mientras miraba tu cabeza entre mis piernas, siempre te gustaba comenzar con eso, yo tan excitada, tan mojada nunca me oponía, por momentos me hacías temblar, recorrías mi clítoris como un experto, te deseaba más que nunca, estos encuentros eran gloriosos.

Pronto entraste en mí, sin más preámbulos, erecto como estabas no te costó trabajo, comenzaste ese vaivén que me mataba, cada envestida era más y más deliciosa, mas furiosa también, eso era lo que hacíamos, amarnos a ratos, o quizá solo yo te amaba, pero en ese momento no me importaba.

Yo tendía a cerrar los ojos, pero tú no, tu siempre mirabas, te encantaba estar arriba de mí, te imponías tal cual, grande y robusto, pelo en pecho, me perdía en gemidos y en tus venas del cuello… cada vez más cerca del éxtasis que tanto anhelaba tú eras más y más cercano, eran los únicos momentos en los que sentía que me amabas, o al menos me amabas como yo quería ser amada, pues me veías a los ojos profundamente, sonreías, gemías y justo antes de venirte me decías: te amo.


Que delicia tu cuerpo sudado entrando en esa convulsión de placer, la sangre te inundaba el pecho y la cara, no he conocido mejor cara de orgasmo que la tuya y eso que he amado a más personas. Pero tú definitivamente eras un hombre que uno recuerda toda la vida.

Cuanto placer, no quería que te salieras de mí, pero tú siempre te ibas, así eras tú, y no buscaba cambiarte…



14 de enero de 2017

De ti, ¡qué no podría decir!


Con esos ojos que me mataban… con esa sonrisa a la que se le hacen hoyuelos…


A veces solo de pensar en ese momento me pongo en tensión sexual aunque esté sola. Estábamos ahí en un día cualquiera haciendo ejercicio, solos, para variar, ¿qué más se podía pedir? Fue como si el universo por fin me diera la oportunidad, ocurrió rápido, eso no lo voy a negar, pero para mí, fueron minutos robados al destino de aquella mujer que te poseía.

Después de entrenar me quede a platicar, seguíamos solos, te mire tal cual, tanto que te deseaba, a veces sentía que tú lo sabias, por tu forma de reír, por tu manera de agachar la mirada, a veces pensaba que tú no te dabas cuenta, eras demasiado distraído, aproveche eso, sabía que era ahora o nunca.

Te mire fijamente y espere a que tu vista dispersa se fijara en mí, tus ojos brillaban, dilatados, no sé si sería por el ejercicio que acabábamos de hacer, pero me lance por ti, perdí el control que tanto aseguraba yo tener, te tome con ambas manos y te bese, te bese con intensa pasión, ya había esperado mucho, y si era lo único que de ti tendría, pues al menos que ese pedazo de historia fuera maravilloso pensé.

Ese delicioso momento en el que no te resististe, en el que me devolviste el beso como si lo estuvieras esperando, era como soñar, y ni siquiera el sueño más erótico contigo se compraba con la realidad, labios suaves, respiración agitada, tu piel caliente, tu cercanía me volvía loca.
¡Que beso! Debería estar prohibido besarse así, era tanta pasión, que de un momento a otro estábamos abrazados, mis manos urgentes obedecían a mis instintos, quitándote la ropa; tus manos no se quedaban atrás, era como si de pronto nada existiera, me tocabas los pechos con ansias… En mi memoria queda como el suelo y el silencio fueron testigos presenciales de nuestro encuentro, tan breve, tan intenso, tan esperado…


Es como soñar, de pronto no sabes cómo es que llegaste a ese lugar, pero ya estaba arriba de ti, sin precauciones, sin pudor, moviéndome al compás de tus gemidos, desnudos, fundiendo los cuerpos. Sentía como estabas dentro, sentía como deseabas que pasara, sentía como la eternidad si existía, probaba un trozo de cielo contigo.



Se sentía tan bien que recordarlo ahora me hace cerrar las piernas y contraerme como si aún sucediera, tus manos eran suaves, recorrían mi piel presurosas pero con ternura. Me mirabas con excitación, gemías suave, paraíso pensé, tu olor y el mío se fundían en el ambiente, no quería venirme, pero para que negarlo tu miembro era generoso y cumplía su función.

Estaba en partes de mí, muy sensibles al tacto, maldita sea, si solo hubiera podido resistirme un poco más, sólo para deleitarme viendo tu cara, tu expresión, esa boca entre abierta gimiendo suave, esos ojos negros viéndome, esas mejillas sonrosadas por la excitación pero a su vez deseando cada vez más…


Y justo ahí, olvide hasta mi nombre, me deje llevar, me rendí ante ti, me vine de una manera intensa, sentí que te clave las uñas en el pecho, al fondo escuche tu gemido, no supe si era de placer o dolor, ambas ideas me excitaban, tú me tomabas fuerte de las caderas mientras yo me movía arriba de ti, sin control, concentrada en lo que sentía…


Momentos después, cuando al fin recuperaba la cordura, te vi, justo en el momento en que tú te ibas de la tierra, justo cuando tu orgasmo te llevaba al cielo y tenías esos espasmos involuntarios, tenías los ojos fuertemente cerrados, pero sabía que no dormías, gemiste profundo y grave, como si el gemido viniera desde lo más profundo de tu cuerpo y estuviera esperando salir…


¡Qué recuerdos!, ¡qué historias!, ¡qué vida!



23 de julio de 2015

Mucho más sexo

Si por favor.


Sé que amamos el sexo y por eso hablo de ello.

Me pongo sugerente de pronto y sé que rápido responderás con provocaciones, me dices cosas muy picantes y subidas de tono y me encantan…


Ni imaginaba que fuera a darse tan natural entre tú y yo, pues pensé que fuéramos compatibles, pero eso no importa, porque no tenemos otras expectativas que llenar, solo esa, y en ella no ocupamos planearla, solo dejarla fluir.

Pronto te veo y apenas te saludo casual, sé que, de solo verte ya en automático me deseas tanto como yo a ti, será a lo que hueles, será a o a que sabes, será lo que me haces sentir. Apenas contestas, pones esa mirada, esa exquisita mirada, y te abalanzas sobre mí, tomas mi cuerpo que no se resiste, y me besas de esa manera tan iracunda como siempre, con tanto deseo y abrazas mi cuerpo con esas ansias desesperadas, como si no quisieras acabarme para así por fin estar satisfecho de mi…


Me deseas tanto que yo dejo de pensar en todo, solo me dedico a experimentar  cada caricia tuya, cada beso que me inunda de sensaciones tan fuertes que temo que hasta mis pensamientos se oigan, o mis tripas retorciéndose ante las sensaciones químicas que me provocas, mi cerebro se llena con sustancias que se liberan al estar tu cerca.

Mis manos se aferran a ti, no estoy dispuesta a dejarte ir, me consume el deseo, quiero satisfacerme de ti… al acariciar tu cuerpo y sentir tu piel suave sé que eres una pasión diferente, pues he tenido muchas, pero en definitiva tu eres una que se esta grabando en mi memoria para siempre.

Muerdes mis labios como si fueran fruta madura y dulce, parece que te hubieras guardado el deseo durante mucho tiempo solo para liberarlo en el momento en que alguien te lo hiciera sentir. Me da vueltas la cabeza, me cosquillea el cuerpo y mis pensamientos se distorsionan porque tu lengua frota la mía y haces de mi lo que quieres.



Que le puedo hacer, caí en tus encantos, caí en tus besos, en tus abrazos en tu deseo, en tu forma de mirarme, en tu manera perversa de sonreír sabiendo que seré tuya cuando así lo decidas, pero a ti no te gusta tomar lo que deseas y ya, te gusta jugar conmigo, te gusta meterle picardía a todo. Y por más ganas que tengas te aguantas otro día mas, dejándome así, con el pulso alterado, las fantasías desbordándose y las ganas que me consumen.

19 de diciembre de 2014

Como me gustas




Aaaaahhh las pasiones humanas, las hormonas llaman, y uno solo debe seguir el aroma del deseo.


Te veo y sé que necesito tocar tu cuerpo.
Sé que debo tenerte, te conviertes en obsesión, en secreta pasión.
Cuando caí en las garras del deseo?
Que importa, solo quiero sentirte, quiero saciarme de ti.



Te busco los labios, como desesperada por probarte cuanto me gustas.
Lista para saborear tu lengua perversa.
Extrañas sensaciones por todo el cuerpo, el maldito vértigo estomacal vuelve atacar.
Ya hacía tiempo que no me volvía a pasar, sobre todo tan fuerte.



No me gustas, me encantas, me excitas, quiero estar oliendo tu cuerpo.
Eres tentación divina, con piel blanca, disfrazado de cordero, lobo asechando.
En esos ojos me pierdo, ojos de avellana, que me invitan a la tentación.
Me voy a resistir, no lo are.


Solo deseo entregarme a la pasión, fundirme en tu cuerpo y no saber de mi.
Sin consciencia de mí, podre estar en ti.
Tu calor corporal me da sensaciones en la piel.
Te comeré y no existirás nunca más.


Y pondre fin a mi deseo contigo.
Saciare mis ganas, mi antojo mi todo.
Y después de eso, ya no quedara nada…


1 de octubre de 2013

Y lo vio

No tuvo que analizar la situación, valorar los pros o los contras de eso, ni siquiera pensó si aquello era real. Vio sus ojos negros, y lo sintió.

Sintió deseos incontrolables, sintió pasión, pasión arrebatadora, de la que no ocupa explicación, de la que es ilógica. No soñó, solo alucino.

Quien sabe que fue, pero se conectó de maneras remotas y extrañas, sus deseos eran incontenidos, se escapaban a través de sus ojos, él podía notar el ardor de mis miradas en la nuca. Parecía divertirle el hecho de tener ese interés de alguien a quien apenas conocía.

Basta de alucinaciones, se dijo a sí misma, no podía permitir que los deseos carnales la invadieran, tenía que sosegarse y tener el control sobre los pensamientos y deseos.

Para el deseo, aquello que ella quisiera, era totalmente irrelevante, aquel sujeto le provocaba angustias sexuales. Le despertaba el morbo Y entonces la locura la domino, no le importo nada más que el deseo tan enorme que tenía, perdió el control mientras él hablaba de alguna tontería, sin esperar alargo su mano sobre su cuello lo trajo hacia si en cuestión de segundos y le beso, no con deseo, fue lujuria, lo deseaba tanto que no se contuvo, él se mostró sorprendido ante tal acto tan feroz tan caliente, ella no espero y mientras lo besaba con lujuria descontrolada sintió como el la apretaba a su cuerpo y su excitación creció tanto que sintió que se carbonizaría ahí mismo en aquel acto de tanta pasión con aquel que tan bajas pasiones le provocaba... Y se estiro mientras se contenía al imaginar esa fantasía....



Pensó que era mejor solo imaginar, ahí nada le podía pasar, ahí estaba a salvo de todo.