8 de marzo de 2017

Juventud y deseos.





Estaba tranquilo limpiando la casa, habían dejado mucha basura, pero era mi trabajo así que no me quejaba, con suerte y podría salir temprano para ver a mi novia. Al pasar por el cuarto escuche sonidos de placer, sin poder evitarlo eche un vistazo, ahí estabas masturbándote, desnuda sobre la cama, tu piel deliciosamente blanca con pecas, tu cabello pelirrojo esparcido sobre la cama, no  supe si seguías borracha de la fiesta, solo me acerque y deje la escoba que traía en la mano.


Me sorprendió que no te detuvieras, me sonreíste, que pecado no hacer nada al respecto, salte sobre ti y te empecé a besar, reaccionaste de inmediato, arqueaste la espalda con deseo y te frotaste en mí, era más de lo que esperaba, sentí como se me subió la temperatura del cuerpo, empecé a desvestirme rápidamente y tú me ayudaste, era como la mejor fantasía, pensé mirando tus pechos preciosos, llenos de pecas, te pusiste arriba de mí, y me deje, eras tan hermosa, tan gloriosa, eras más grande que yo, por mucho, tendrías alrededor de unos 30 y yo a penas 19, pero eso no importaba.


Aquella visión era angelical, empezaste a besarme el cuello, note como mi pene se erguía y se pegaba en tus partes, depiladas, exquisitas, tenía que probarte pero por ahora deje que me hicieras lo que tu deseabas. Y jugaste conmigo, como siempre había querido, solo que las chicas de mi edad incluida mi novia eran tan inexpertas que no era lo mismo, se notaba que tu mandabas en mí. Mordiste mis pezones lo que me sacó auténticos gemidos, te deslizaste hacia mi cadera y te observe poniendo las manos tras la nuca, tal como en los videos que veía, metiste mi pene a tu boca como si superas exactamente lo que quería, me lamiste hasta los testículos y aunque quería seguir viendo a momentos cerraba los ojos ante tanto placer.


Estaba acostumbrado al sexo con mi novia, donde yo hacia todo y me gustaba sentir que usaba su cuerpo para darme placer, pero en esta ocasión, me encantaba sentir que eras tú la que me hacías el amor. Sentía que pronto me vendría, y te lo dije, no me preocupa respondiste tú, era como el mejor de los sueños, sentí como se me acelero el pulso y no pude enfocar la mirada, me vine deliciosamente en tu boca, cosa que mi novia no permitía, y tu hasta te lo tragaste.


Al recuperar un poco el sentido, me di cuenta de que estaba empapado en sudor y había mordido mi brazo, pero no me importo, te levantaste y me miraste de una forma que deseaba que me hicieras lo que quisieras. Tómame sobre la mesa, dijiste, y caminaste hacia un escritorio, obedecí en silencio, te empuje contra el mueble y te inclinaste con tanta rapidez que supe qué hacías aquello seguido, me excite aún más, poder poseer a una mujer madura como tú, era todo un privilegio. 


Me acerque a ti y lentamente te penetre, la vista era espectacular desde mi perspectiva de pie, tus nalgas suaves y prominentes se pegaban en mi cuerpo con cada entrada, empezaste a gemir deliciosamente y tuve que tener mucho autocontrol para no venirme, era muy difícil, sentía como se me hinchaba el glande, como tus líquidos empezaban a escurrir por mis testículos y a gotear en el suelo…



Pedias más rudeza, así que me esforcé en complacerte, tomándote de las caderas y empujando con más fuerza, te tome del cabello y eso te encanto, comenzaste a gemir y sudar visiblemente, yo sentía como mi propio placer comenzaba a superarme, me escuche gemir, sentía como todo el cuerpo se me contraía y fijaba la vista en tu espalda blanca y tu cabello rojo.

El clímax llego primero para ti, afortunadamente pude aguantar unos segundos, y sentí como te estremeciste y contrajiste las paredes vaginales, y eso ya no lo pude aguantar, sentí como mi semen fluía tan caliente y espeso, grite de placer, sentía que perdía fuerza en las piernas, me apoye de la mesa y en ti, encajándote aún más mi miembro, tú te apretabas deliciosamente.


Cuando todo acabo yo aún seguía duro, la sensibilidad de mi pene era enorme y tú lo sabias, no me dejaste salir de ti, solo permitiste algunos minutos de descanso, luego tratando de normalizar mi respiración pensé en que tal vez habías contratado un servicio de limpieza como el que yo prestaba porque era tu fantasía que te limpiaran la casa y te cogieran. Pero no duro mucho ese pensamiento después quisiste otra vez pero ahora en la cama y arriba de mí. Por supuesto no me opuse aunque sabía que seguro terminaría muy cansado, pero valía la pena.


Lo hicimos en la cama, tu cabalgándome sin control, veía tu pechos rebotar, los tome con las manos, estábamos empapados en sudor, en fluidos, tu olías deliciosamente… me sostuviste las manos y te inclinaste en mí, tus senos se frotaban en mis pectorales, sentía que esta vez no podía controlarme, trataba con todas mis fuerzas de contenerme, y de pronto sentí que te contraías nuevamente, al saber que era tu momento próximo al clímax, me deje ir yo también, no sé cómo es que aun salió algo de mí, pues tu parecías quererme dejar seco.



Pasados unos momentos te levantaste bruscamente y me dijiste, sigue con lo tuyo, te contrate para limpiar no para coger. Me pareció un poco grosero, pero todo podía perdonarte cogías como diosa.

Las mujeres haciéndola de pedo



Si no, no están a gusto.


Un estudio realizado por mí, en un grupo considerable de mujeres con la pregunta sobre si tendrían sexo con alguno de los compañeros conocidos arrojó que únicamente el 2% considerarían acostarse con un conocido, siempre y cuando estuvieran enamoradas. El resto lo negó de forma contundente.


Esto quiere decir que las mujeres están pendejas, idealizan mucho al hombre que quieren para su clítoris. Y eso me enoja, porque realmente les pregunte si tendrían sexo, no si se enamorarían de ellos. La cosa es la educación mojigata en la que vive esta sociedad mexicana, donde el sexo sin compromiso o amor, es algo altamente condenado.


Tal parece que soy la única que si me cogería a muchos de mis compañeros, y no es porque este enamorada o piense que ellos pueden ser mi pareja, sino porque se me antojan y ya, he de ser muy cínica o muy humana.


El caso es que el pensamiento mágico pendejo de mis colegas es, buscar un hombre, que tenga un montón de características idealistas de novela rosa, y vivir un intenso enamoramiento, para posteriormente entregar las carnes, y claro ser exclusivos, que el placer vaya de la mano con el compromiso. Y pues no estoy de acuerdo, ¡qué raro! Debí ser hombre.


Pues ese mismo estudio realizado pero ahora preguntando a hombres arrojo que el 100% accedería a acostarse con casi cualquiera de las mujeres sin compromiso. Y eso es porque los hombres no la hacen de pedo ni andan en dramas de si el amor va con el placer o el placer va con amor, ellos a lo que van, a pasarla bien y también el 90% comenta que si de casual pasara a formal no tendrían ningún inconveniente, esto es una clara demostración de que no hay trasfondo romántico y dramático, sólo van viviendo el momento.


Y me parece más sana la manera de ver de los hombres, el sexo sin compromiso no debe ser juzgado como un crimen o como algo que no se debe hacer, desde mi punto de vista, el cuerpo tiene necesidades, y los impulsos sexuales son muy fuertes, no veo la necesidad de negarlos. Porque si algo les puedo asegurar es que las mujeres los tenemos tanto como los hombres, pero en la mujer hay mucha represión.


Créanme que es muy duro ser mujer que te guste el sexo y que lo admitas abiertamente, por un lado los hombres se vuelven tus mejores amigos, y por otro las mujeres te rechazan, te ven como una especie de ninfómana que te vas a coger hasta a sus abuelos.


Continuando con mis investigaciones, las razones de las mujeres para no tener sexo con conocidos es porque no cumplen sus expectativas pedorras de sueños que alguna película estúpida les impuso. En cambio una que otra razón de algún macho para no acostarse con determinada elfa iba encaminada al carácter de caca de algunas, nunca a su aspecto físico, otro punto para los hombres.


Mientras las mujeres esperan un príncipe azul que sea guapo, los hombres solo esperan que la mujer sea higiénica. Porque la belleza no asegura placer real. Y en eso estoy totalmente de acuerdo. Sé que en varias ocasiones he renegado de esta cultura machista y religiosa donde la mujer no tiene derecho a buscar placer, pero es que sigue pasando por eso me sigo quejando.


A mí me gusta mucho el placer sexual, sé que no va ligado al amor, pero sé que se juegan las emociones. No tengo inconveniente en tener sexo sin compromiso y no me considero promiscua ni prostituta. Voy viviendo mi vida según mi criterio, emociones y deseos. No voy reprimiendo mis deseos, censurando mis criterios y negando mis emociones.


Así que si hay hombres que me lean, sepan que hacerla de a pedo es una táctica estúpida por parte de las mujeres, que no abren su mente al placer. Y ustedes no están mal, ni son unos pervertidos yo los amo.



Voy a contar lo que me gustaba de ti.


Tú forma de coger.
Es todo.


Eran casi mis treinta y salí de fiesta, eras amigo de una amiga y nos presentó, me caíste mal, eras contrario a mí, yo culta egresada de la licenciatura en artes, y tu un tipo vulgar y machista. Pasadas las copas, terminamos en tu auto besándonos, ni conversamos, solo sé que contigo repito.
Comenzaste besándome de manera lenta pero pasional, yo un poco borracha y caliente como siempre lo he sido no me negué, ahora sobria me doy cuenta de que para nada estábamos destinados a ser algo más. Pero que importa cuando estas en la fiesta buscas placer.

Tus besos eran sacados de películas pornográficas y eso me encantaba, pese a ser un tipo evidentemente vicioso, no olías mal, tu cuerpo era fragancia masculina que siempre excita, te ejercitabas, quizá lo habías hecho en prisión, dios sabe dónde, pero eso tampoco importa, aunque pensar que eras un chico malo, malo de verdad de esos que dan miedo; me excitaba, sabias como provocar, con gemidos leves que denotaban tus ganas, me tomaste en el piso, sin que me importara un carajo nada.

Pronto estuvimos desnudos, recorrías mi cuerpo con tu lengua, a momentos me mordías y yo me perdía, sé que dejabas marcas pero realmente no me importaba, todo era placer por placer. Cogimos mucho, cogimos salvaje, como si nos tuviéramos coraje, jalabas mi cabello mientras me poseías, yo me sentía feliz indefensa, nunca me había gustado ser la víctima, pero contigo era otra cosa.

Por otra parte tenías un miembro generoso que sabias usar, lleno de venas frotabas mis paredes vaginales haciéndome estallar de placer, se me olvido tu nombre pero nunca la forma de tu verga. Esa noche de copas terminó en sexo salvaje inesperado y fortuito. Fácil me lo hiciste unas cuatro veces, termine exhausta y muy satisfecha. Eras implacable e impecable en las artes de la cama. Después de ese encuentro obviamente decidí repetir un par de veces más, pero al final mi instinto me alejo de ti por saber que las drogas podrían afectar mi vida pero no me arrepiento de lo que hicimos.

Gustos culpables.



Definitivamente tú eras uno de ellos.


El otro día, mientras comía con una vieja amiga y su esposo, me puse a recordarte, aquella aventura fue algo que merece la pena recordar. Estábamos en universidad, en carreras diferentes pero me llamabas mucho la atención, y a quien no, realmente tenías un físico espectacular, eras popular, la clase de chico que tiene prospectos de sobra, pero en fin, me gustabas.


Un día se cumplió mi sueño ese que tanto deseaba; el tenerte. Sucedió en el verano mientras partíamos a un macro evento que juntaba varias carreras en un viaje a puerto del sol, el pretexto educativo fueron las pláticas ministeriales para la carrera y las conferencias con eminencias de la arquitectura histórica, por otro lado los alumnos sabíamos que era para ir de parranda y disfrutar.

Fuimos todos y no te perdí de vista, por supuesto te veías fantástico y yo lamentaba que tuvieras a tu novia tan cerca, pero en mi momento de juventud sentía que la moral podía ser relajada. El segundo día tuve mi oportunidad, pasada la conferencia tu novia se fue a comer con sus amigas, al parecer te había hecho un drama por alguna tontería, así que a ti te apetecía distraerte, escuche a hurtadillas que ibas a salir a comer por la tarde y que pasarías el día en tu cuarto de hotel, aproveche para colarme en el ascensor contigo, de vista me conocías, así que sonreíste al verme en señal de saludo.

Yo no perdí el tiempo, a lo que iba, me gustas te dije, me miraste con algo de sorpresa y placer, estabas acostumbrado a los halagos, eres muy amable dijiste, quieres tener sexo conmigo, pregunte, realmente necesitaba saberlo, abriste los ojos aún más sorprendido, no sé qué decir, respondiste, no ocupe más, sabía que debía aprovechar, te bese intenso, me encanto que no te resististe, sabias a menta, eras poco más alto que yo, así que no tuve que esforzarme demasiado para tener tu cuerpo junto al mío y abrazarte con pasión.
¡Vaya!, la moral entonces sí que era algo opcional para mí, pensé mientras veía a mi amiga tomar vino, seguí recordando como empezamos con un intenso beso aquel encuentro, eras tan glorioso como yo había imaginado, o quizá era que se cumplía mi fantasía y por lo tanto era yo lo que deseaba.


Me manoseaste sin piedad recorriendo mi cuerpo como si lo conocieras, mordiste mis labios de forma provocativa y la respiración agitada, llegamos a tu piso y salimos aun medio enredados en aquella pasión repentina, no parecía preocuparte si alguien nos veía, nos metimos pronto en tu cuarto, estaba solo para fortuna, nos comenzamos a quitar la ropa, tu cuerpo era todo lo que yo había imaginado, piel morena, marcado por el ejercicio de tres años siendo jugador estrella del equipo de atletismo; olías rico, algo parecido a la madera y al coco, te deseaba tanto, ni palabras decíamos, no sabía que era tan fácil seducirte lo habría intentado antes, tus besos me sabían a gloria, tus caricias a placer…



Rápidamente nos tiramos en un sofá grande, tu arriba de mí, se notaba que así era como te gustaba hacer las cosas, disfrutaste de recorrer mis pechos que eran pequeños en aquel tiempo, pero no pareció importarte, era tanta la energía de entonces, que nos arrancábamos la ropa mientras nos besábamos dejándonos sin aliento. Mire tus ojos color avellana, segura de saber que era lo que querías, te limitaste a bajar por mi vientre besándome, avisándome lo que deseabas hacer, yo ardía en deseos, levante las caderas en señal de sumisión.

Lamiste mis partes como un experto, se notaba que era algo habitual en ti, no me importo en el momento saber a cuantas habías hecho lo mismo… todo era placer en ese momento, era deseo que se desbordaba. Comencé a sentir el corazón acelerado sabía lo que venía en camino, te dije que continuaras, así lo hiciste, vaya oral; pensé mientras el mesero traía la comida.

Nunca había experimentado algo como lo que me hiciste, sentí como perdía el control de mí, como gemía tan deliciosamente, como sudaba como nunca… y justo al llegar al clímax una nueva sensación me invadió, abrí los ojos y te vi, tu cara no estaba entre mis piernas, ahora estabas dentro de mí, sentí como mis partes se apretaban a las tuyas, no me puse a averiguar en ese momento si te habías puesto protección, quería más de ti.

Comenzaste a embestirme con ganas, con energía de juventud… el recuerdo me hizo mirar mi plato y cerrar las piernas. Me cogiste con ganas, como si tú también me hubieras deseado por meses, eras muy fuerte, así que yo sentía que seguramente no podría caminar bien o sentarme al día siguiente, pero aquello era lo de menos, ver tu cuerpo desnudo que exquisitez. Tenías algunos lunares en el pecho que yo lamí. Comenzaste a perder el control, yo quería que tú también tuvieras placer, así que te anime a seguir y comencé a mover las caderas a tu ritmo, tu cara de orgasmo era como la de un actor porno profesional, pensé mientras comenzaba a comer y mi amiga me ponía al día sobre sus hijos recién nacidos, y mientras yo fingía poner atención volvía en mi mente a aquel momento en el que te venias en mí y tu forma tan deliciosa de gemir hasta el final con los ojos muy abiertos mirándome…


Me moje los labios y regrese al presente pues debía seguirle el hilo a la conversación, mi amiga comento que me veía distraída, le dije que no pasaba nada y aproveche a ver a su marido, el parecía levemente incomodo, pero aun así, sostuvo mi mirada y sonreí al recordar aquella noche que estuvo sobre mí en el verano.

Era un gusto culpable, quien lo diría que él se casaría con aquella novia berrinchuda y que aquella novia berrinchuda un día trabajaría conmigo y seriamos mejores amigas, nunca le conté lo sucedido por supuesto, pero ver a su esposo siempre era un placer, comprobé que él tampoco había comentado nada de aquel fugaz encuentro de juventud.



Hoy me siento positiva.



Me ando proponiendo muy en serio dejar de decir tanto la palabra NO. Puesto que soy muy negativa en general, antes de ver la vida con aventura ando siempre poniendo peros y reparos a todo lo que se me suele decir. Y analizando esto, siento que es buen momento para dejar de lado esa palabra negativa que tanto uso en mi día a día.


Sé que es parte de mi educación, me enseñaron con el refuerzo negativo, y esto tuvo trascendencia en mi vida, temo a las burlas y a la negativa, así como al rechazo y a los sentimientos de impotencia, pero sabiendo esto, y viendo las nuevas pedagogías de enseñanza me agrada más los refuerzos positivos y ver las cosas desde otro punto de vista. Es difícil cambiar algo que aprendí desde niña pero intentaré hacerlo.

Cambiaré mis no, por algo diferente, algunas veces intentar las cosas antes de negarlas, otra por hacer una versión diferente antes de la negativa y otras responder contrariamente y que sea lo que Darwin quiera. Ya veré los resultados de mi nuevo propósito. Por cierto ni les comente que también me propuse visitar todos los restaurantes con opciones veganas de mi comunidad y ser amable, porque si es algo en lo que debo trabajar, también en los modales sociales para saludar, y me ha ido bien, siempre lo recuerdo y saludo a todos, me despido y soy amable, mucho de esto significa pensar las palabras que voy a utilizar para decirlas de forma que no lastimen, o callar mis opiniones sobre las cosas o sonreír para hacer sentir mejor a las personas, no siempre siento que sea tan sincero, y por ello aún tengo preguntas con eso de la amabilidad y no estoy segura de si alguien me las pueda aclarar. Quiero seguir siendo sincera, pero amable, es todo.


Por otro lado también estoy feliz porque tengo de nuevo la amistad de mi mejor amigo de todos los tiempos, mi maestro e inspiración para hacer las cosas, él me ha halagado diciendo que ya lo he superado, pero pienso que no se supera a las personas, se aprende de ellas, y siempre puedes seguir aprendiendo. Siempre puede parecer que ya no hay nada nuevo cuando conoces de años a una persona, pero no es así, muy por el contrario todos estamos en constante cambio y eso hace que las personas que conocemos de toda la vida así como uno mismo vaya cambiando y por lo tanto siempre haya algo nuevo que conocer.

Así que mi positivismo anda con toda la actitud de aprender cosas nuevas y de emprender cosas nuevas. Espero tener más días inspiradores y menos negativos para hacer las cosas que muchas veces planeo.

A veces me pasa y a veces no



Hace unos días revisaba mis antiguas entradas, sobre todo las de veganismo y me di cuenta de que sigo en constante cambio, pues en el momento que lo dije aun me faltaba mucho por saber y mucho por pensar.

Estaba de acuerdo con la experimentación animal, cosa que ahora no apruebo, también no me molestaba así que otras personas comieran animales, ahora si me molesta y aunque admito no ser activista como tal, de cierta manera si difundo mi veganismo. Por otra parte me siento feliz de ser más compasiva, creo que eso es beneficio personal y social, mis valores se han ido fortaleciendo, y está padre ver los cambios que uno ha sufrido con el tiempo y las experiencias.


Llevar un blog es una cuenta de ello, antes hablaba mucho de temas de ateísmo y política, ahora realmente no tengo anda que opinar sobre eso, sigo siendo atea, pero no militante, no ando tirando mi veneno por ahí como antes, no estoy amargada y no me creo mejor que los demás. Por la parte de la política, siento mucho desinterés, no es que no me afecte lo que sucede, soy parte de la sociedad es obvio que me afecta, pero por otra parte pues, me mantengo neutral ante las cosas, no me gusta lo que pasa pero tampoco siento interés por ello, pero no es apatía, es que en realidad no me gusta pelear.


Quizá ando en otros rumbos de mi vida, preocupada por otras cosas y por eso la política ya no me llama la atención. Tampoco me quejo de las personas que tienen otros gustos musicales o pensamientos mediocres o pocos estudios, realmente siento compasión por ellos y espero que sean felices en sus vidas sin dañar a otros.

Así que en resumen soy diferente a la que fui, pero acepto que cambie, no cambio mi pasado, ahí está, me da gusto haber aprendido cosas y poder tener valores, encontrar sentido positivo a las cosas eso ha sido maravilloso. Aún sigo en proceso de aprender del mundo y de los valores sobre los que quiero fundamentar mi vida, paso a paso.



El veganismo para mí no es una religión, o fuerte creencia, es mi modo de ver el mundo a través de los ojos de los valores humanos, de la sana convivencia, y eso es lo importante para mí. 

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Y contando.



Hoy cumplo años y me siento feliz, no por cumplir más edad, sino por el camino recorrido, agradecida a las personas que me rodean por estar ahí, no necesariamente para mí, sino por otras circunstancias, creo que de igual manera aportan cosas a mi vida y por eso les doy las gracias.


Hoy fue un día normal como otros, y a la vez fue extraordinario, porque estoy viva, porque estoy sana y puedo vivir en este mundo con conciencia analizar las cosas, es maravilloso, si me quedo pensando…


Mi cuerpo hermoso en sintonía con el universo, mi espíritu alegre en ritmo con la música de la vida, mi mente volando tan libre como siempre debió ser. Me siento inspirada, me siento feliz. Es increíble como uno va creciendo y madurando, en tantos aspectos, y lo mejor es que nunca acabas de madurar y de conocer personas que te enseñan cosas. En el pasado me arrepentí de muchas cosas, todos actos que yo realice o yo provoque, pero en este momento realmente no siento culpa o arrepentimiento, busco más que nada la enseñanza de todo eso, veo las conexiones que esas acciones tienen hoy en mi pensar y en mi forma de analizar la vida.

Es una bendición llegar a mi edad y tener el concepto de la vida que tengo, y no es que me sienta lo mejor de todo o mejor que los demás, es que me siento mejor que la persona que fui alguna vez. Me comparo solo conmigo misma y me siento muy feliz de haber madurado tanto y cambiado tantos aspectos. El principal para mi es ser compasiva como lo soy ahora, y claro espero seguir trascendiendo en el futuro, pero me reconozco mis logros hasta ahora. Amo ser quien soy justo ahora, tener esa paz mental, tener ese corazón casi pleno para amar, para perdonar para estar ahí.

Será que amanecí de buenas, será que me hace feliz hasta la luz del sol, cualquiera que sea, que hermoso se siente estar en paz con uno mismo y saber que habrá momentos difíciles, pero saber que siempre estaré conmigo para hacerme compañía y darme ánimos es lo que me hace sentir acompañada.


Ojala pueda seguir inspirada cada día, pero si no, no pasa nada, quedan más días para intentarlo.


23 de enero de 2017

Emociones



Hace tiempo ya, comente que las emociones eran una desventaja en el ser humano que nos hacían actuar de manera irracional o en contra de nuestra propia seguridad, las consideraba “no necesarias en la vida”. Ahora con el tiempo y la madurez que he logrado me doy cuenta de mi error, bueno de uno de tantos, al pensar que uno puede prescindir de las emociones como si fueran prendas de vestir que pasan de moda.


Las emociones humanas están ahí, te guste o no, estés de acuerdo o no, por lo tanto no son algo que puedas evitar, sé que en ese tiempo fui muy nihilista y esa idea me seducía, pero ahora que soy diferente solo encuentro el nihilismo triste y pensar que las emociones nos hacen débiles lo encuentro triste también aparte de imposible. Mi idea de vivir sin emociones era sencilla yo pensaba en aquellos años que las emociones nos hacían vulnerables a otras personas o situaciones y que estas nos lastimarían y por ello era mejor evitarlas. Pero claro que las emociones no se pueden evitar, es una idiotez pensar que sí, siempre están con nosotros y son parte de nuestra humanidad.

Ahora sé que el poder identificar las emociones y sentirlas nos hace fuertes, todas las emociones hasta las negativas, porque como se suele decir, si no puedes con el enemigo, únete. Y es lo que se hace al aceptar las emociones en la vida, esto no quiere decir que vayas hacer lo que tus emociones dicten, vamos a ponerlo claro, sentirlas y aceptarlas, saber identificarlas no es lo mismo que ir a expresarlas a otras personas y dañar sus emociones y sentimientos.


Amo sentir emociones en mí, me hacen sentir que soy humana, que estoy viva que existo. Todo desata sentimientos hacia personas, pensamientos o situaciones y vivo con ello de la mejor manera que puedo, hay días que siento tanta compasión que me dan ganas de llorar, lo he comentado, otros días simplemente manejo bien mis emociones para no hacer daño y eso para mí es un gran logro.

Me alegro de haber pasado por tantas etapas en mi vida, porque así es como logre madurar hasta este punto, me alegro de todo ello porque son experiencias de las cuales ahora aprendo y busco mejorar. Si me arrepiento de mi pasado ¿cómo podría aprender? Por ello me alegra todo lo que hice fuera bueno o malo o falto de valores, porque ahora miro la vida de una forma distinta y no me avergüenzo de quien fui, me compadezco de mí, siento lastima de mí y eso me hace sentir bien, aprendo a comportarme diferente y a tenerme compasión de la persona que fui, en ese entonces no sabía tantas cosas que ahora sé.


Y lo más bello de todo es que esto de aprender no se acaba, al contrario más crecer más maduras y todo es aprender con más ganas. El cambio es lo único constante en la vida, estoy segura de ello, y espero seguir cambiando, seguir siendo una persona diferente para seguir conociéndome.

Me gusta ser alegre y positiva en la vida, sé que todas las etapas por las que pase eran necesarias, puesto que ahora tengo mucho para contar y mucho para compartir con personas que pueden estar pasando por eso mismo o a punto de experimentar eso que a mí me paso.

Mis metas y expectativas cambian, me gustaría poder ayudar a los demás a enfrentar sus emociones y a vivir sus sentimientos sin culpa, así como yo lo hago. Nada más por el placer de ayudar.


21 de enero de 2017

Las cosas son lo que son.



Siempre hubo chispa entre nosotros aunque no duramos mucho, tenías manías que yo no entendía, aparte te encantaba ir de aquí allá, conociendo personas y alejándote de otras. Total así te conocí, así me encantabas, sabía lo que sucedería.

Pasados los días me puse a pensar en ti, te llame y quedamos de vernos, como siempre con esa mirada insidiosa sabíamos que algo pasaría, aunque no lo decíamos con palabras, pero era un hecho, nuestros pasos eran ligeros, de quien busca el lado positivo de todo, a veces me tomabas las manos jugando, siempre tentándome a ir más allá…

Y siempre íbamos más allá…


Ese día fue en tu morada, llegamos lo habitual, riendo, contando historias del trabajo, tu casa siempre oliendo a madera, cómoda y un poco tirada, pronto nos pusimos cómodos, charlando aun de cosas sin importancia, era nuestro preámbulo, solo platicar de otros, del clima de lo que sea menos de lo que sentíamos o de lo que hacíamos. En una pausa me miraste fijamente esos ojos verdes matadores, como negarse a ellos, era la señal, era el momento, comenzamos a besarnos como siempre, pero como nunca.


A lo largo de mi vida había tenido muchos amantes, pero tú eras mi favorito, tu que nada exigías, tu que nada pedías, solo te entregabas en el momento justo. Ese quizá era tu encanto, mi perdición…

Nos besamos por largo tiempo, quizá fueron solo minutos, pero para mí era eterno el sentir tus labios carnosos, no eras guapo, no como los modelos de revista, tú eras real, eras pasión, ancho de espalda, piernas largas barba abundante, pues no te gustaba rasurarte a menudo, tenías la nariz larga, pero tu fuerte eran los ojos, impresionantes tan grandes y verdes llamaban la atención a cualquiera y yo siempre me perdía en ellos.

Pronto las caricias llevaron a algo más, como siempre tus manos recorrían mi cuerpo, sabían dónde estaban las curvas, se adaptaban a ellas, y yo claro, no me quedaba atrás, lamiendo tu cuello mis manos se aferraban a tus partes, porque sabía que eso te encantaba, que yo era directa en cuanto recibía la señal…


Así era nuestro juego sin palabras, tocábamos y disfrutábamos, la ropa salía volando, y me morirías cada vez con más lujuria, te encantaba dejar marcas y aunque a mí me molestaba, en el momento de estar contigo nada me importaba, eras pura pasión andando, quien lo imaginara de aquel chico robusto y barbón que se convirtiera en un apasionado amante que buscaba placer.

Actuábamos con egoísmo propio de quien busca placer, de pronto en una pausa entre caricias, me di cuenta de que estábamos desnudos en tu sillón a media tarde, sudados y yo gemía estruendosamente mientras tus habilidades con la lengua satisfacían mi cuerpo…


¡Qué manera de usar la lengua! pensaba yo mientras miraba tu cabeza entre mis piernas, siempre te gustaba comenzar con eso, yo tan excitada, tan mojada nunca me oponía, por momentos me hacías temblar, recorrías mi clítoris como un experto, te deseaba más que nunca, estos encuentros eran gloriosos.

Pronto entraste en mí, sin más preámbulos, erecto como estabas no te costó trabajo, comenzaste ese vaivén que me mataba, cada envestida era más y más deliciosa, mas furiosa también, eso era lo que hacíamos, amarnos a ratos, o quizá solo yo te amaba, pero en ese momento no me importaba.

Yo tendía a cerrar los ojos, pero tú no, tu siempre mirabas, te encantaba estar arriba de mí, te imponías tal cual, grande y robusto, pelo en pecho, me perdía en gemidos y en tus venas del cuello… cada vez más cerca del éxtasis que tanto anhelaba tú eras más y más cercano, eran los únicos momentos en los que sentía que me amabas, o al menos me amabas como yo quería ser amada, pues me veías a los ojos profundamente, sonreías, gemías y justo antes de venirte me decías: te amo.


Que delicia tu cuerpo sudado entrando en esa convulsión de placer, la sangre te inundaba el pecho y la cara, no he conocido mejor cara de orgasmo que la tuya y eso que he amado a más personas. Pero tú definitivamente eras un hombre que uno recuerda toda la vida.

Cuanto placer, no quería que te salieras de mí, pero tú siempre te ibas, así eras tú, y no buscaba cambiarte…



14 de enero de 2017

De ti, ¡qué no podría decir!


Con esos ojos que me mataban… con esa sonrisa a la que se le hacen hoyuelos…


A veces solo de pensar en ese momento me pongo en tensión sexual aunque esté sola. Estábamos ahí en un día cualquiera haciendo ejercicio, solos, para variar, ¿qué más se podía pedir? Fue como si el universo por fin me diera la oportunidad, ocurrió rápido, eso no lo voy a negar, pero para mí, fueron minutos robados al destino de aquella mujer que te poseía.

Después de entrenar me quede a platicar, seguíamos solos, te mire tal cual, tanto que te deseaba, a veces sentía que tú lo sabias, por tu forma de reír, por tu manera de agachar la mirada, a veces pensaba que tú no te dabas cuenta, eras demasiado distraído, aproveche eso, sabía que era ahora o nunca.

Te mire fijamente y espere a que tu vista dispersa se fijara en mí, tus ojos brillaban, dilatados, no sé si sería por el ejercicio que acabábamos de hacer, pero me lance por ti, perdí el control que tanto aseguraba yo tener, te tome con ambas manos y te bese, te bese con intensa pasión, ya había esperado mucho, y si era lo único que de ti tendría, pues al menos que ese pedazo de historia fuera maravilloso pensé.

Ese delicioso momento en el que no te resististe, en el que me devolviste el beso como si lo estuvieras esperando, era como soñar, y ni siquiera el sueño más erótico contigo se compraba con la realidad, labios suaves, respiración agitada, tu piel caliente, tu cercanía me volvía loca.
¡Que beso! Debería estar prohibido besarse así, era tanta pasión, que de un momento a otro estábamos abrazados, mis manos urgentes obedecían a mis instintos, quitándote la ropa; tus manos no se quedaban atrás, era como si de pronto nada existiera, me tocabas los pechos con ansias… En mi memoria queda como el suelo y el silencio fueron testigos presenciales de nuestro encuentro, tan breve, tan intenso, tan esperado…


Es como soñar, de pronto no sabes cómo es que llegaste a ese lugar, pero ya estaba arriba de ti, sin precauciones, sin pudor, moviéndome al compás de tus gemidos, desnudos, fundiendo los cuerpos. Sentía como estabas dentro, sentía como deseabas que pasara, sentía como la eternidad si existía, probaba un trozo de cielo contigo.



Se sentía tan bien que recordarlo ahora me hace cerrar las piernas y contraerme como si aún sucediera, tus manos eran suaves, recorrían mi piel presurosas pero con ternura. Me mirabas con excitación, gemías suave, paraíso pensé, tu olor y el mío se fundían en el ambiente, no quería venirme, pero para que negarlo tu miembro era generoso y cumplía su función.

Estaba en partes de mí, muy sensibles al tacto, maldita sea, si solo hubiera podido resistirme un poco más, sólo para deleitarme viendo tu cara, tu expresión, esa boca entre abierta gimiendo suave, esos ojos negros viéndome, esas mejillas sonrosadas por la excitación pero a su vez deseando cada vez más…


Y justo ahí, olvide hasta mi nombre, me deje llevar, me rendí ante ti, me vine de una manera intensa, sentí que te clave las uñas en el pecho, al fondo escuche tu gemido, no supe si era de placer o dolor, ambas ideas me excitaban, tú me tomabas fuerte de las caderas mientras yo me movía arriba de ti, sin control, concentrada en lo que sentía…


Momentos después, cuando al fin recuperaba la cordura, te vi, justo en el momento en que tú te ibas de la tierra, justo cuando tu orgasmo te llevaba al cielo y tenías esos espasmos involuntarios, tenías los ojos fuertemente cerrados, pero sabía que no dormías, gemiste profundo y grave, como si el gemido viniera desde lo más profundo de tu cuerpo y estuviera esperando salir…


¡Qué recuerdos!, ¡qué historias!, ¡qué vida!